Posted by on 18/02/2016

Siempre he desconfiado de las cifras que aparecen en los medios sobre la piratería. Nunca he tenido muy claro cómo se puede saber que se han perdido tantos miles – o cientos de miles – de euros debido a tal o cual práctica.

A los medios de comunicación les gusta – posiblemente animados por alguna mano negra – publicar imágenes de alguna vivienda o local en el que se hacen copias piratas de programas, música, cine, juegos, etc. y aparecen convenientemente maniatados tres o cuatro “peligrosos” – entre comillas – individuos de rasgos asiáticos.

El titular siempre suele ser el mismo: “Aprehendida banda de falsificadores, etc. etc. cuyas falsificaciones hubiesen tenido un valor en el mercado de … miles de euros”. Y es aquí donde un “nanoeconomista” debería comenzar a desconfiar:

 ¿Es cierto ese dato?

¿Por qué nos lo tenemos que creer?

¿Una copia pirata es igual a una venta perdida?

¿Acaso no sería más enriquecedor para la noticia que dijeran el número de “unidades” incautadas y el precio unitario que utilizan para valorarlas? (es cierto que por la “tele” eso queda farragoso pero ¿y en la prensa escrita?…).

Supongo que no valorarán un videojuego pirata a los cincuenta o sesenta euros que cuesta uno nuevo y lo harán a los tres o cuatro euros que cuesta en la calle ¿verdad?.

No, no creo que debamos ser malpensados

Cuando los lobbys de los autores – mejor dicho de los que están detras: las grandes productoras – se reparten el pastel de los derechos de autor de la música, por ejemplo, casualmente el parámetro utilizado creo que es el número de copias oficiales vendidas.

Este sistema, aparentemente objetivo, no deja de ser interesado puesto que perpetúa el choriceo de los grandes – los autores más famosos – a los pequeños – los que están empezando – ya que, en la actualidad, los discos que se compran son los de los artistas más conocidos (tienen accso a la televisión) siendo el resto de artistas menos conocidos y por tanto menos comprados ¿y supuestamente menos pirateados?. Acaso no es la pescadilla que se muerde la cola.

Asimismo, como señala Tim harford en su artículo “Piracy’s hidden treasures” (Tesoros ocultos de la piratería) la piratería no tiene que ser del todo nociva, puede ser rentable y hay quien cosigue rentabilizarla:

La respuesta más beneficiosa para una compañía frente a la piratería depende de como sean sus clientes.

Por ejemplo los consumidores que pagarían por los videojuegos si no tuvieran otra alternativa son los consumidores que son felices usando copias piratas: jóvenes tecno-usuarios. Esto significa que una copia pirata adicional en el mercado de las consolas probablemente es una venta perdida.

Pero los clientes más dispuestos a pagar por el software son las empresas. Ellos no quieren corres el riesgo de que los cogieran y que les demandaran por piratería, por este motivo una copia pirata adicional de un programa para empresas probalemente no es una venta perdida. El culpable no es un cliente sino un usuario doméstico o un estudiante que nunca hubiera pagado el precio completo. Gracias a la piratería, sin embargo, los usuarios domésticos están aprendiendo como usar Word y PowerPoint y hacen más valiosas las copias legales de Microsoft Office.

De esta forma ahorran cientos de miles de euros (dólares, libras, etc.) a sus empresas puesto que los empleados ya vienen formados de la calle, las universidades, las escuelas…

Esta es la razón por la que – al final – todos los programas de tratamiento de texto, hojas de cálculo, presentaciones, por ejemplo, se parecen: porque la gente ya viene formada y es que “los piratas son gente honrada”.

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Entrada publicada el 13/4/2008 en www.economiaforense.org

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