Posted by on 21/03/2016

A los que nos dedicamos al trabajo pericial nos encanta cuando nos encargan un nuevo informe bien de parte, bien desde el juzgado como perito judicial.

Es fácil tomarse el encargo al principio como un nuevo reto que demuestre que es posible arrojar luz sobre un tema en el que las partes están discutiendo y necesitan opinión experta.

Todo informe o dictamen pericial, y salvo algunas excepciones, terminará con su ratificación en el juzgado así como con aclaraciones en una vista oral.

La ratificación es un trámite que – salvo sorpresas (y las he tenido) – se lleva bastante bien si confías en el trabajo realizado. Lo de la vista es más complicado porque no suele ser un territorio en el que, por decirlo de algún modo, exista buen rollo. Algo por otro lado es lógico, pues no se llega al final de un pleito de forma inmediata y han podido pasar meses, tal vez años, desde que las partes enfrentadas iniciaron los acercamientos (o no), que se pusieron en contacto con los abogados, que estos iniciaran una negociación, llegara el tema al juzgado, etc. etc.

Lo cierto es que finalmente ahí estamos… en la vista.

Pues eso, no es el mejor de los escenarios y se parece más a la planta de oncología de cualquier centro hospitalario – dicho sea con todo el respeto – que a una fiesta de cumpleaños.

En cualquier caso, como perito debemos preparar esa vista de forma que un buen informe “escrito” culmine en una excelente defensa/aclaración y sirva, finalmente, para el cometido para el que fue encargado.

Para ello, podríamos diferenciar dos fases muy importantes:

a) Preparación de la vista;

b) Actuación en la vista;

c) Acciones finales.

Preparación previa de la vista

 

  • Un informe  pericial es “un todo” y eso debe tenerse en cuenta. En el momento de defenderlo (casi) lo menos importante será lo redactado como conclusiones, pues la parte que salga perjudicada en ellas intentará atacar su contenido y cómo se ha llegado a las mismas. No basta con recordar lo que se ha concluido sino tener claro el camino que ha llevado a ello. Es importante refrescar cómo se llega al convencimiento de lo transcrito.
  • Podrían haber pasado semanas o meses desde que se realizó la pericial y es importante leer nuevamente todo el informe y, si es necesario, volver sobre los papeles de trabajo para reconstruir los cálculos, repasar los documentos que se utilizaron (aportados o no al informe), notas y comentarios recogidos, etc.
  • La citación a la vista normalmente llegará por vía judicial y será notificada como a cualquier otra parte interviniente. Depende del procedimiento, es posible que sólo sea el abogado, o el cliente, el que te avise con una antelación que considere suficiente. Seguramente también será en ese momento en el que los letrados, si el nombramiento ha sido a instancia de parte, nunca en el caso de designación judicial, los que indican al perito sus preferencia en cuanto a la existencia de un contacto previo a la vista, la antelación, el contenido previsto, etc. Este contacto previo (casi) siempre va a existir porque los abogados también necesitan que alguien les refresque la memoria y cuanto más técnico sea fondo del asunto más van a requerir aclaraciones previas que les permita destacarlas en la vista. Si ese contacto se retrasa, y se acerca la fecha de la vista, entiendo que no debe haber inconveniente en que sea el perito el que proponga la reunión puesto que las agendas de los abogados también suelen estar bastante cargadas. Tampoco es tan extraño que el cliente haya cambiado de letrado y sea uno distinto el que defienda el pleito en la vista oral y finalice el proceso.
  • El perito económico es experto en cálculos, valoraciones, cuestiones contables o financieras y, por mucho conocimiento que pueda tener sobre temas jurídicos – salvo que sea también abogado en ejercicio – no sabe más que los abogados ante los que va a defender su pericial. Conviene que cada uno sepa estar en su sitio, es decir, el perito debe abstenerse de hacer valoraciones jurídicas o emitir simples opiniones genéricas. El perito está en el proceso porque es un “experto” y sus conclusiones siempre deben ser “evidencias”.
  • Siempre hay una parte más beneficiada que otra, sea un informe de parte o judicial, y el perito debe estar preparado para defender las objeciones que puedan surgir del resto de los intervinientes (jueces, fiscales, abogado solicitante del encargo, abogado de la parte contraria u otros peritos). Más o menos se deben llevar preparadas las preguntas que pudieran hacerse a la vista del contenido de los informes (propio y de otros peritos).
  • En casos extremos o de máxima complejidad podría ser interesante la simulación de un interrogatorio de algún otro compañero perito, o abogado colaborador, para preparar la defensa del informe. Entiendo que no es muy habitual puesto que el informe ya está hecho y puede ser recomendable adelantar la fase de auto-preguntas, o de “abogado del diablo”, a la redacción, en lugar de dejarlas para las aclaraciones en sala. No siempre habrá ensayos pero siempre debe haber análisis interno en el que el perito debe preguntarse, y responderse a sí mismo, sobre los aspectos que piense vayan a ser los más conflictivos. El perito debería hacerse las preguntas y “autoconvencerse” con sus propias respuestas. Un informe/dictamen pericial tiene que ser “esférico” o 360º, es decir, lo mires por dónde lo mires debe estar completo.
  • Relacionado con el punto anterior, por tanto, también es importante tomar conocimiento de la existencia de otros peritos intervinientes. Si un dictamen acompaña una demanda seguramente la otra parte aportará uno de su propio perito, por lo que es importante tomar conocimiento de otros informes que se hubieran aportado, así como la de la existencia de un tercer perito judicial, puesto que este último informe – al que los jueces suelen darle un plus de imparcialidad –  será el que oriente en mayor medida el sentido de la opinión final del juzgador. El perito “por ley” no tiene interés en el pleito, pero por prurito profesional siempre va a estar interesado en que su informe, y sus conclusiones, emerjan por encima de la de los otros peritos.
  • Tal vez en el momento en el que se presupuestó el trabajo del informe no estuviera claro si habría vista, como he dicho no siempre la hay, y puede ser por diversos motivos (no contemplada en el proceso, no acordada por el tribunal, allanamiento, desistimiento, conciliación y un largo etcétera). Por este motivo, si expresamente la vista no se incluyó entre los honorarios iniciales es el momento de hacer ver a al solicitante que la asistencia al juicio no estaba presupuestada y que se facturará aparte. Siempre es mejor dejarlo claro desde el principio que luego tener que discutir tras la vista oral. La intervención del perito, generalmente no tiene porqué ser muy larga (en tiempo) y es tremendamente corta en relación con la espera que se produce antes de entrar en sala (algo que cuantificamos en horas, según los casos).
  • Relacionado con lo comentado podría suceder que, por cuestiones de distancia, el perito prefiriera intervenir por videoconferencia. Es una opción, pero a los abogados les gusta que “su perito” dé la cara y, salvo que se trate de un perito-estrella, o que su pericial no sea esencial, siempre va a ser mejor intervenir en persona.
  • No es muy habitual pero si el perito va a necesitar algún tipo de apoyo (pizarra, proyector, etc.) conviene avisar con suficiente antelación para que los abogados puedan realizar las gestiones necesarias con carácter previo. Puede ser frustrante pensar que se cuenta con una pizarra y tener que conformarse con una libreta. Pese a todo, como perito, estas cosas se tienen que valorar muy seriamente puesto que introducir este tipo de elementos supone una logística que a veces complica el trabajo previo de los abogados, la duración de la intervención, genera incomodidad, etc. Se tiene que ser muy selectivos con estas cosas…

(Continuará)

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